¿Reinventarme a Mi Edad?

¿Alguna vez has sentido envidia de personas que tienen un trabajo que está genial, un trabajo que les llena, del que se sienten orgullosas? ¿Has notado la pasión con la que hablan de sus proyectos, lo felices o plenos que parecen estar de lo que van consiguiendo, sus logros, su realización y la contribución que hacen a la vida de otras personas?

Yo desde luego sí. Lo cuento mucho en mi blog. Durante años viví en segundo plano, creyendo que el trabajo no era lo verdaderamente importante. Mi verdadero problema, problema de calidad (ganas de realizarme profesionalmente) lo evitaba a toda costa enfocándome en temas más personales o más triviales (problemas de seguridad), como lo contaba hace algunas semanas.

Cuando la crisis de identidad llama a tu puerta

Pero un día la crisis de identidad llamó a mi puerta. Un día me dije que yo también tenía algo que aportar. Un día me enfadé conmigo misma. Desde luego no fue algo inmediato, tuvieron que pasar años para que me diera cuenta de mi verdadero problema. Tuvo que llegar una persona a mi vida para hacerme ver que yo valía para muchísimo más que para realizar tareas administrativas y rutinarias.

Tal vez tú también estés sintiendo que algo no va bien en tu vida. Es lo que algunos autores llaman crisis de la mediana edad: 35, 40, 50 años. En realidad da igual la edad que tengas. Si ha llegado tu crisis, te felicito. En serio.

Y sí: primero tendrás que enfadarte. De nada te sirve leer decenas de libros de autoayuda, de motivación, reflexionar, conversar, planear… si al final no haces nada para cambiarlo.

¿Cómo reconocer esa crisis a nivel profesional o personal? En realidad es bastante sencillo. Es posible que en estos momentos te estés planteando las siguientes preguntas: quién soy, qué busco en esta vida, cuál es mi misión, cómo puedo desarrollarme, cómo puedo hacer lo que me gusta y vivir de lo que me gusta.

Seguramente eres una persona curiosa, con mente abierta, flexible, inteligente (y no me refiero al coeficiente intelectual, sino a la verdadera inteligencia: inteligencia emocional), eres alguien que acepta los cambios en tu vida, que quiere aprender, está abierto a escuchar, a conocer, a motivarse.

Si no, dudo mucho que estuvieras leyendo este artículo de mi blog. Mi blog no lo lee gente negativa, gente dormida, sino todo lo contrario: personas que como tú desean mejorar su vida, vivir con sentido y lograr su libertad en todos los aspectos.

El miedo como tu aliado

Aunque si todo fuera así de fácil, tú ya tendrías una vida perfecta. Pero lo cierto es que no lo es. Aquí entra en juego un factor presente en la vida de la mayoría de nosotros: el miedo.

Puedes llamarlo miedo, inseguridad, falta de confianza, incertidumbre, bloqueo, parálisis, falta de organización… Yo lo llamo falta de compromiso.

Porque el compromiso no es igual a motivación. La motivación está muy bien pero dura un cierto tiempo: mañana te llega una mala noticia, hace mal tiempo, estás baja de energía y tu motivación se va de paseo. Yo lo experimenté muy a menudo en mis propias carnes y apuesto a que a ti te ha pasado lo mismo.

El miedo en realidad es parte de la vida. El miedo, de hecho, es necesario para tu supervivencia, pero sobre todo el miedo te indica qué es lo que tienes que hacer. Precisamente el miedo está presente en tus verdaderos problemas, los llamados problemas de calidad. Son problemas buenos que merece la pena tener. Y por tanto, por paradójico que parezca, merece la pena sentir miedo porque es un motor de cambio.

Vale, lo sé: sentir miedo no mola. A mí tampoco. Me encantaría poder decirte que soy una valiente que sabe exactamente qué hacer en cada momento de su vida. Me hubiera gustado ser alguien completamente seguro de todo lo que hago y digo. Me encantaría lanzarme sin miedo a todo aquello que me despierta interés. Pero no es así. Y no tiene por qué ser así.

¿Tienes miedo? ¡Perfecto, adelante!

El auténtico antídoto del miedo es la acción. O como lo llama mi profesor de Coaching Estratégico, Tino Fernández, Acción Masiva Imperfecta.

¿Cuántas veces te has sentido paralizado por el miedo a no hacerlo perfecto, a fallar, a fracasar, a equivocarte? Yo, millones de veces. Y mi mayor fracaso ha sido el no haberlo intentado. El no haberme dado una oportunidad.

¿Cuánto te duele seguir como estás?

Pero volvamos al punto de partida. Al título de este post. Reinventarte. Hacerlo a pesar de la edad. Encontrar un trabajo que te llene, te apasione, te guste… a pesar de que no tienes 18 ni 25 años en estos momentos. Porque tu trabajo te causa insatisfacción, ansiedad, te roba energía, te quita tu alegría.

Y sin embargo no cambias. Y no cambias porque no te enfadas. Y no te enfadas porque no te duele lo suficiente.

Por paradójico que parezca, somos mucho más simples de lo que pensamos. Nos movemos hacia el placer y evitamos el dolor. Si no hay suficiente dolor, aunque tampoco haya placer, igual preferimos quedarnos como estamos, ¿cierto?

Y aunque por dentro sabes que quieres cambiar, todavía no te duele tanto como para hacerlo. En vez de esto, haces algo más sencillo (y desde luego más confortable): quejarte.

El paro, la crisis, la edad… ¡¿Reinventarme con mi edad?! Perfectas excusas que le vienen como anillo al dedo a nuestro Miedo. El miedo se protege con tus excusas, se agranda, toma posesión y se instala en tu vida de forma permanente.

Yo conviví con el miedo más o menos desde el año 2.000. Tuvieron que pasar 10 años más para que me diera cuenta de que vivir con esa pesada carga no hacía más que debilitar mi autoestima, romper mis sueños y generar una identidad muy pobre, muy escasa, muy por debajo de mis posibilidades.

Así que mi dolor ya no era un mero dolorcillo que me visitaba de vez en cuando. Se convirtió en algo más grande, pasando al siguiente nivel: la frustración. Y si no lo paraba a tiempo, llegaría el sufrimiento y tal vez, como fase final, me visitaría la impotencia y tiraría la toalla por completo.

Los 4 niveles del dolor en tu vida

El dolor se produce cuando nuestras expectativas de vida y la realidad que estamos viviendo no van a la par. Pero por otro lado es algo muy habitual. Es totalmente normal que nuestras expectativas no estén siempre alineadas con nuestra vida real. Tal vez sólo los seres más iluminados consiguen esa felicidad plena, desapegándose de su ego y lo material.

Los cuatro niveles del dolor son:

  • Dolor (tus expectativas no coinciden con la realidad).
  • Frustración (llevas ya bastante tiempo sin conseguir conciliar tus expectativas con la realidad).
  • Sufrimiento (la frustración mantenida en el tiempo, llevas demasiado tiempo sin conciliar tus expectativas con tu realidad).
  • Impotencia (el sufrimiento ha sido tan prolongado que has decidido tirar la toalla, sientes que no hay nada que hacer y la insatisfacción se ha ido adueñando de otras áreas de tu vida).

La cuestión está en qué tipo de dolor hay en mi vida. Qué nivel de dolor.

Aquí te invito a reflexionar: ¿cuál es tu nivel de dolor a nivel profesional? No te engañes, trata de ser lo más sincero, lo más honesto contigo mismo.

El efecto avestruz

Según el coaching estratégico, ante problemas o situaciones conflictivas de nuestra vida, caemos en 3 estados mentales. Víctima, Guerrero o Avestruz, como lo cuento en este otro artículo.

El efecto avestruz es uno de los estados más peligrosos. Porque se basa en el autoengaño y la procrastinación. Este estado lo definen frases como: “ya lo haré”, “lo haré cuando pase esto…”, “lo haré la semana que viene, el mes que viene…” “yo ya sé que voy a conseguirlo”.

Pero en realidad no haces nada para avanzar, haces muy poco o haces otras cosas que no son las realmente importantes en este momento.

Y sí, conozco muy bien ese estado, porque yo siempre he sido una avestruz experimentada. Optimista, sí. Pero con muy poca acción la verdad. Porque tenía miedo.

¿Y sabes cuál es la especialidad de un avestruz? Evitar el dolor actual y futuro. Esconderse del dolor, pensar que no existe.

Por eso, si ahora has dicho que tu nivel de dolor no es realmente alto (razón por la cual no te mueves ni cambias nada en tu vida), pregúntate si no será que simplemente no quieres ser al 100% sincero contigo mismo, si no estás autoengañándote con que no pasa nada, que puedes seguir como estás.

La gran pregunta para un buen avestruz es ésta: ¿qué pasará en tu vida en 2, 5 o 10 años si sigues exactamente como estás? ¿Cuál va a ser tu nivel de dolor? ¿A qué estás esperando?

Muchas personas que se sienten frustradas en su trabajo, se esconden tras excusas tan cómodas como el paro, la crisis o la edad.

Y como buenos avestruces que son, ignoran la existencia de cientos, miles de personas que se reinventaron durante la crisis, a pesar del paro y sin tener en cuenta la edad. Con más de 20, 30, 40, 50 o incluso 60 años. ¿Crees que exagero? Échale un vistazo a entrevistas que he realizado a personas normales como tú y como yo que reinventaron su vida. Así que por favor, no utilices más esta excusa. Una cosa es que sea difícil, que te dé miedo, te genere inseguridad… y otra muy distinta es que sea imposible.

La buena noticia es que sí es posible. La mala noticia es que requiere esforzarse, pasar por el miedo, atravesar el dolor, la incertidumbre, la inseguridad.

Está claro que nadie puede garantizarte el éxito. Pero el verdadero fracaso no es fracasar. El verdadero fracaso es no haberlo siquiera intentado.

Todavía recuerdo uno de los artículos de Hana Kanjaa que más me impactó: “No te quejes, estás exactamente donde quieres estar”. Para mí fue como un jarro de agua fría. Entendí que si había algún responsable en mi insatisfacción laboral esa sólo podía ser yo.

¿Te molesta lo que lees?

Si has llegado hasta el final del post, ¡enhorabuena! Sé que mis posts suelen ser largos y profundos. Y a veces no son lo que queremos oír. Pueden llegar a molestarnos un poco.

Pero es bueno que te molestes, que te enfades al menos un poco, que te hagas consciente de qué quieres de verdad en la vida. Y para eso no estás sola, no estás solo.

A veces simplemente no podemos dar el paso solos. Necesitamos a alguien que crea en nosotros más que nosotros mismos. Ese alguien puede ser un buen amigo, una compañera o un coach.

Yo me formé en coaching para ayudar a otras personas a realizarse y ser más felices. Tengo herramientas, experiencia y formación que me permite acompañarte a la vida que sueñas. A pesar del miedo, a pesar del dolor, de la edad o tu experiencia.

Aposté por mí misma y ha sido lo mejor que he podido hacer en mi vida. Lo digo de corazón.

Porque sólo apostando por ti, por tus sueños, tu vida… te acercarás a tu realización personal y profesional.

Deja de conformarte con poco. Deja de esconderte del mundo. Has venido aquí para cumplir tu misión, para brillar y contribuir a un mundo más pleno. Enfócate en la abundancia, en el ingenio (creatividad, pasión, determinación, compromiso) y no en los recursos materiales (dinero, tiempo, edad o experiencia). Si otras personas lo han conseguido, ¿por qué tú no? ¿O es que tú, precisamente tú, eres menos? Déjame que lo ponga en duda.

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María Mikhailova / Especialista en Coaching, Programación Neurolingüística e Inteligencia Emocional.

https://mariamikhailova.com

Artículo original: aquí

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