“El Maldito Quedar Bien”

Estoy harta de hacer cosas que no quiero hacer.

Así, en seco, a primeras, no parece una reflexión muy profunda y espiritual, pero es el inicio de un nuevo ciclo, y antes de renacer, toca morir a ciertas mentiras.

Estoy harta de entregar mi energía a cosas, personas, hábitos de comportamiento… que no me ayudan a crecer, a amar, a superarme.

Estoy cansada y por eso, esta vez, en lugar de la espada de guerrera, saco la bandera de la paz. La planto en el campo de mi guerra y me voy. Doy la espalda a todo lo que para mí ha muerto, a todo lo que ya no es útil y más que sumar, resta. Me resta valor, fuerza.

Por eso me voy.  Me estoy yendo o ya me fuí. Aunque tú me continuas percibiendo como “la de siempre” yo soy otra. Y esta nueva mujer necesita más verdades, más compromiso, libertad absoluta para ser la que soy: la que deja que Eso sea en mí.

Es curioso, pero la Divinidad sabe de rebeldía y obediencia. Se dice en las escuelas iniciáticas que a Dios se entra por los extremos, nunca por el camino de en medio. Así que el dócil  y sumiso puede “ningunearse” hasta desaparecer y conocer la Divinidad hecha experiencia viva, del mismo modo que el más rebelde de los discípulos, en su inconformismo y naturaleza desbocada, también encuentra la mirada de la Diosa en su interior, nunca fuera.

Sí, lo sé. El texto es un poco apasionado, pero es que venimos de colgar a Cristo. Ese Jesús bello y bondadoso, icono judeocristiano, que tanto nos ha marcado a todos.

Ser buena, ser complaciente, ser políticamente correcta. ¡PUES NO!

Se va a acabar… esta tradición en la que uno se traiciona al SÍ MISMO INTERNO para que otros estén contentos o satisfechos.

No bailes el agua a aquel que no te dará de beber.

No pierdas tus sueños de vista ni lleves unas gafas que no son tuyas, así sean de una marca que algunos poderosos han podido promocionar y anunciar, hasta el punto de convertirla en un icono de falsa elegancia.

Yo me bajo del carro social con unas cuantas acciones:

  • menos redes sociales y más zumos al aire libre con los amigos de siempre.
  • menos mensajes “wasapeados” que dicen poco y más llamadas concertadas (previa cita, no me gusta coger el teléfono cada vez que alguien quiere, yo también quiero querer, a mÍ también me tiene que ir bien o apetecer).
  • menos ropa, objetos, recuerdos muertos acomunados y más experiencias, viajes internos y aventuras.

Me paso al “menos es más” y lo aplico a todas las áreas de mi vida.

Elijo lo que es esencial. Me paso al despejado arte minimalista. Para que la energía corra, circule libre, y no se esconda entre los pliegues de las cosas ni se atasque.

Lo preciso, lo justo y equilibrado.
Lo sobrio es también abundancia.

Y al que no le guste que no mire.

Y me parece bien que yo ya no te guste. Es que no podemos gustar a todos “todo el tiempo”.

El reto está en ahorrar la energía desperdiciada y recolocarla en el centro vital de uno.

Así más fuerte y centrada, podremos dar y compartir, pero sin caer en la sutil manipulación que esta sociedad y cultura propone todo el tiempo bajo el lema “El maldito quedar bien”.

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Lucía Miele / Terapeuta Transpersonal y creadora de “Las Hadas”.

http://luciamiele.com
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