Emprender y Conciencia Familiar

En los últimos meses mi profepasión ha ido abarcando otros terrenos, como el de ayudar a otras personas a concretar sus proyectos de acompañamiento, aportando herramientas y miradas que permitan concretar sus deseos de emprender.

Está siendo una experiencia igual de gratificante que cuando acompaño a alguien a través de su árbol a comprender y resolver una dificultad en su vida, y además incluyo mucho de la mirada transgeneracional a la hora de comprender y fortalecer esos proyectos.

Tengo la certeza de que todo lo que hacemos en nuestro ciclo vital, tiene su resonancia en el árbol y que también cuando emprendemos proyectamos los recursos y aprendizajes de nuestros ancestros hacia la vida.

Me encanta haber llegado a la comprensión de que he nacido en la familia más adecuada para hacer lo que hago.

Aunque, ¿tú lo tienes tan claro? ¿Y si tu proyecto, aquello que quieres hacer, no está bien visto por mi familia? ¿Alguna vez has sentido el deseo de hacer algo que no encajaría nada con las ideas de tu familia?

Te prometo que mi profesión no es lo que más se esperaba de mi, y de hecho en mi familia siempre se proyectó la idea de seguir el negocio familiar explícita e implícitamente.

Hoy quiero hablarte precisamente de cómo influye el sistema familiar en las actividades profesionales que emprendemos, y darte un par de pautas que te ayudarán a ser más libre de decidir hacer aquello que tú decidas.

Y para que puedas comprenderlo, quiero comenzar por explicarte los conceptos “buena conciencia y mala conciencia”.

¿Qué es buena conciencia?

En los órdenes del amor, Bert Hellinguer le llama buena conciencia a hacer algo que ya se hace en tu clan, algo que está permitido, que se ve con buenos ojos.

Puede ser cualquier cosa, una profesión, una relación de pareja, una actitud, un comportamiento, etc.

Así, tener buena conciencia quiere decir que estás haciendo algo por lo que te sientes aceptado dentro de tu clan familiar, más allá de si lo que haces está bien o mal según la sociedad.

Te pongo un ejemplo:

Imagina que vienes de una familia de ladrones, que además se sentían orgullosos de ello. En ese caso si tú también te dedicases a robar, tendrías buena conciencia porque sentirías la aceptación del clan. En cambio si en este mismo clan tú fueses policía, probablemente no tendrías buena conciencia.

¿Y qué es mala conciencia?

Pues justo lo contrario. La mala conciencia la experimentamos cuando hacemos algo que no está bien visto en nuestro clan o simplemente que nunca antes se ha hecho.

La buena y la mala conciencia tiene que ver con todo el clan, aunque papá y mamá juegan un papel fundamental.

Lo que ellos se permitieron, lo que no se permitieron, los deseos que fueron capaces de cumplir y los que no, sus pretensiones profesionales, familiares, económicas, sociales… sus ideas y creencias políticas, religiosas… sus miedos, sus deseos… consciente y/o inconscientemente influyen en tu vida.

Los padres tienden a proyectar sus necesidades, deseos y miedos en sus hijos, y esto lo hacen sin darse cuenta, pues la proyección siempre es un proceso inconsciente basado en la experiencia de vida, creencias y programas heredados de cada individuo.

Por lo tanto la buena o mala conciencia no es señal de estar haciendo algo que sea bueno o malo para nosotros; podemos tener buena conciencia y a cambio sentirnos frustrados por no hacer lo que queremos, por ejemplo.

Así que llegamos a este punto te lanzo algunas preguntas:

¿Qué te genera buena conciencia en tu familia? ¿qué, mala conciencia? ¿qué sueños te puedes permitir y a cuáles tienes que renunciar para tener buena conciencia?

En estos meses he vuelto a darme cuenta de cómo actúa esta buena y mala conciencia en nosotros y también de cómo definitivamente transcenderla.

Cuando emprendemos en algo que papá y/o mamá no aprueban, o sea que nos genera una mala conciencia, tendemos a limitarnos de manera que no tengamos éxito, pues en ese caso nuestro inconsciente percibe tener éxito como algo malo (pues puede significar ser expulsado de la tribu).

Eso si hemos tenido la valentía de emprenderlo, pues la mayoría no lo hace.

En otros casos las personas terminan dedicándose a lo que papá y/o mamá quieren, pese a que no coincida con lo que ellos desean.

Básicamente se vende una vida por un puñado de buena conciencia.

Pero y entonces… ¿qué hago? ¿vendo mi vida por un poco de buena conciencia? ¿o hago lo que yo deseo con la carga de mi mala conciencia?

No te aconsejo ninguna de las dos opciones, aunque si me tuviese que decidir lo haría por la segunda, de momento.

Lo que te propongo es llegar al punto de madurez emocional suficiente como para no vender tu vida a cambio de buena conciencia, aceptación o reconocimiento.

¿Cómo transciendo la buena y la mala conciencia?

Como te dije, te daré un par de trucos.

Primer truco:

Cuando tú aceptas a tus padres tal como son, en absolutamente todo, es cuando adquieres el permiso de hacer con tu vida lo que deseas.

No me refiero al permiso verbal, sino al permiso a nivel sistémico e inconsciente.

Al experimentar la aceptación completa de tus padres, su aceptación ya no es tan importante para ti, y lo curioso es que es entonces cuando, en muchos casos, más se te reconocerá.

Pero mientras mantienes juicios de valor hacia ellos, hacia lo que han sido, cómo te han criado, cómo se han ganado el sustento… no podrás tomar tu vida.

Y tú puedes poner cualquier excusa como… es que nunca me han apoyado, han sido ausentes, nunca me dieron un abrazo, ellos no respetan mis opiniones y mucho menos lo que yo quiero hacer…

¡Sigues juzgándolos!

Y no sólo a ellos, sigues juzgando lo que debería o no debería haber sido en tu vida, lo cual no tiene mucho sentido.

Está bien Saúl, pero ¿y si les envío este artículo para que lo lean?

Ummm… te lo voy a agradecer, pero te diré cómo tienes que leer este artículo para que realmente te sirva.

Lee en voz alta: “Para que este artículo me sirva voy a leerlo para mí en mi rol de hijo/a, y para mí en mi rol de padre/madre.”

O lo que es lo mismo, no te sirve leerlo desde una posición de víctima. Tú no quieres que el otro cambie, tú quieres transformarte tú (y si no te has equivocado de blog).

Así que si eres padre/madre puedes aprender a:

Permitir que los hijos sean lo que son, apoyar la esencia de cada hijo, aunque esto entre en conflicto con nuestros propios valores.

Si eres hijo/hija puedes aprender a:

Aceptar a tus padres tal como son, aceptar tu vida tal y como ha sido, y decidir hacer a partir de hoy aquello que tú decidas, honrando también así a tu clan.

En cualquiera de los casos, esto es la verdadera madurez emocional.

Segundo truco:

Existe una Consciencia Universal, más allá de la buena o mala conciencia, que está al servicio de la vida.

En ocasiones podrás sentirla como una especie de música interior que te dice lo que amas hacer, o qué caminos escoger. Estar conectados con esta parte de nuestra esencia conscientemente es nuestra responsabilidad.

Como dice Paulo Coelho en El Alquimista, “nuestros corazones no dejan de hablarnos, pero bajan el volumen de su voz al ver que no los escuchamos.”

Si sigues ese camino, pronto transcenderás la buena o mala conciencia, pues te sabrás guiado por algo más grande que tú.

Creo que esta guía, esta música interior, se expresa a través de nuestros deseos y anhelos, y cuando los seguimos, estos nos llevan a crecer y a transformar nuestro nivel de conciencia.

Tengo la certeza de que el Universo no pone sueños en corazones que no los pueden alcanzar. Y que además estos nos llevan siempre a un fin mayor que el propio sueño.

Espero que te haya sido útil este artículo y, si es así, te agradezco que me ayudes a compartirlo.

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Saúl Pérez Sánchez / Experto en Bioneuroemoción (Psicosomática), PNL, Hipnosis Ericksoniana e Inteligencia Emocional.

http://saulperez.com

Artículo original: aquí

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